creo que experimentar el vacío existencial es la situación más insoportable, la agonía es un combate entre la vida y la muerte… ¿cuál es el camino: materialismo o espiritualidad?
intuimos algo más, un más allá de todo…
¿cómo superar la sensación de fracaso y emprenderse a la genuina plenitud?
de un guía espiritual aprendí que el hombre se gasta media vida en formar una imagen de sí y otra media en defender, combatir, y hacer todo porque nadie derribe esa imagen; es una forma de esclavizarse.
un autor expresó, que somos sometidos a una domesticación desde que nacemos, y prácticamente contrario a nuestra voluntad vamos siendo inducidos a obedecer patrones de conducta desde que somos pequeños.
creo que hoy día, la actualidad tan acelerada, tan de prisa... nos empuja y parece que todo consiste en logros.
lo veo como una pretensión, impuesta, de obstinadamente encajar, seguir estereotipos.
me enteré también que placer no es lo mismo que felicidad, que incluso desde la actividad cerebral y hormonal, el placer es más dopamina y la felicidad serotonina.
creo que la búsqueda del éxito, se vuelve una persecución del placer: de logros, de renombre, de comodidades... éxitos condicionados los cuales, ahora por la mercadotecnia, la sociedad nos impone como si fueran logros de felicidad.
creo que la felicidad, no es un punto al cual llegar, sino una constante búsqueda de ella misma y en suma todos sus destellos en el camino.
el fracaso, eso es relativo, ¿desde qué perspectiva lo es?, el precio del éxito: son las veces que se debe intentar para lograrlo y el verdadero éxito es esa satisfacción de superarse uno mismo, ir más allá de nuestros límites propios.
sin embargo no es fácil lidiar con el peso de la frustración de ver a un intento fallido como un fracaso y al final el cúmulo de todos estos nos va propiciando una incomodidad.
creo en este estado optamos, más inconscientemente, por declarar culpables, pero de hecho, no hay culpables y no hay fracasos, todo en la vida es oportunidad de mayor madurez interior y por ende de felicidad.
generalmente no nos resulta fácil perdonar, pero en el fondo no es perdonar a alguien más, sino perdonarse a uno mismo, ese enorme peso por la frustración de ver a un hecho como una falla para uno mismo, eso, la interpretación de todo como un fallarnos y luego el no perdonarnos conduce a no estar bien con uno mismo y en consecuencia a no estar bien con los demás.
es cierto que hay responsables en algunas situaciones, los que sufren hacen sufrir, y cada quién debe asumir las consecuencias de sus propios actos, decisiones y omisiones, mas no hay culpables.
aprendí también que después de todo son sólo las circunstancias que nos conducen en la vida a estar de un lado, después de todo sólo las circunstancias no nos puso en el lado contrario.
perdonar a los demás es relativamente fácil, lo difícil está en perdonarse a uno mismo.
esa domesticación a que fuimos sometidos desde la infancia, después nos va creando un enorme monstruo mental que nos tortura, terminamos en la tragedia de ser victimario y víctima de nuestra propia persona (mente).
perdonarse lleva al reconocimiento de que se ha errado, sí, de que no somos perfectos, de que estamos en un aprendizaje, de que vamos creciendo y que el grado de madurez no corresponde a la edad, mas sin embargo con paciencia, perseverancia y esperanza, es posible; en esto tan trascendental de la vida no hay saltos sino pasos, y no basta con entenderlo, hay que ejercitarse, perdonar es amar.
el ego es aquello, instintivo principalmente, que nos mantiene existiendo estando entre lobos, el hombre es un lobo para el hombre; mas el ego no nos permite lograr felicidad puesto que somos obra del amor, y como seres amorosos no está en nosotros el ser bestias.
perdonarse implica vencer el ego, dejar de justificarse y reconocer que se pueden tener errores, que no somos perfectos, proceso arduo, y luego de ello; ¿si yo mismo no soy perfecto y tengo fallas, y aún estoy aprendiendo, cómo no perdonar a mi hermano (prójimo)?
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cuando dos seres están destinados a complementarse, todo es entrega incondicional, entrega mutua; tu complemento, el hombre de tu vida o la mujer de tu vida es aquella persona con quien puedes ser totalmente tú, sin tener que fingir nada, aquella que te acepta tal cual eres y que también tú nada pretendes cambiarle; una relación así, basada en el amor de mutua aceptación, comprensión, perdón, respeto, recibimiento, adaptación... de un comunicarse, dialogar... es aquella que une a dos seres para toda la vida.