Alicia,
cuando suenen los clarines del descanso,
búscame en las manecillas de tu reloj
(tú sabes detener el tiempo).
Juntos contemplaremos el cielo,
sus nubarrones,
los balcones donde las aves reposan
luego de sus vuelos oceánicos…
y los canturreos de “te quiero”
como plumas de algodón.
Alicia…
ven a jugar…
que el tiempo duerme si lo sabes mirar…
Alicia,
el recreo del colegio nos aguarda para corretear con nuestras miradas
en los tranvías,
en las bicicletas,
en las nubes…
y en las ostras que vagan silenciosas
hasta ocultar cuánto sabemos.
Alicia…
ven a jugar…
que el tiempo duerme si lo sabes mirar…
Alicia,
te leeré una y otra vez tu cuento,
despacio…
muy despacio…
hasta llegar a la verja de los sueños
y viajar en la alfombra mágica que tejiste con suspiros y besos de sol.
¿Quién se aventura a adivinar la suerte en este valle de maravillas?
Alicia, j
uguemos con los naipes secretos,
el sombrero encantado,
el gato prestidigitador…
desteñiremos la suerte y dejaremos anclados suspiros de emoción.
Alicia…
ven a jugar…
que el tiempo duerme…
y no quiere despertar…
Nuestra suerte está allí,
Alicia:
se viste de hierbabuena,
chupaflores,
palmas y cocoteros;
de nidos de golondrinas
y de tantos vientos de amor.
¿Sabes, Alicia?
He soñado un conejo alborotado,
una reina sin corazones,
un castillo cuadriculado…
que soy un reloj encantado…
y también tu despertador.
¿Sabes, Alicia?
Tú eres mi corazón.
“En el jardín de la memoria y en el palacio de los sueños…
ahí es donde nos veremos…”
Alicia…
ven a jugar…
que el tiempo duerme…
y nos deja soñar…
Soy un sombrero loco,
chistera de clavicordios donde se anida el amor.
Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.