racsonando

¡La senda del silencio!

 

LA SENDA DEL SILENCIO

Camina, corazón sangrando,
viajero incansable del ocaso.
Su alma, palpitar de días,
le traza líneas al poniente raso.

Escribe primaveras lánguidas
y viste trajes de inviernos ásperos.
Ojos lacerados por el viento,
piel curtida y sus penas encriptadas
en panfletos.

Manos temblorosas que atesoran
el moho blanquecino de sus dudas.
En su boca, un cigarrillo para ahogar
su álbum de recuerdos.
Viaja en comidillas de los lienzos
para desmadejarle al día
la palabra proletaria de los deudos.

Por esa senda de caminos polvorientos,
y con las mismas piedras
que le arrastra el tiempo.
Por la misma senda, a paso lento,
con la guitarra desmayada de su pueblo,
en tonadas bajas, diatribas silentes.

Y por la misma senda se cruzan,
imperceptibles, las palabras,
los cuadros, los espejos;
los suspiros y lamentos.

Por esa senda donde se cuece
el barro alfarero magro,
viaja el transmutado rostro
del hermano.
Es un aventurero, docto o potentado;
pendenciero, crápula enamorado
y hasta suicida que se bebe a tragos
el néctar amargo de sus deudos.

Por esa senda de brazos lóbregos,
con ojos mustios, de fuegos fatuos,
con terror y pensamientos lánguidos…
en largas y prolongadas filas,
marchamos al funeral de los silencios.

 

Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos.