Nicolás Alejandro Gabriel

Empieza el mundo...

Comienza el mundo en mí

cuando recién despiertas.

A tu lado,

soy testigo de la primera cólera de los océanos

y de la mansedumbre en el candil, de la luz primera.

 

Todo lo creas tú, como todo tú,

caprichosamente,

en un instante tardío, desde tus ojos.

 

Sentada en la cama,

estiras tus brazos, despejando tu adormecido cuerpo,

mientras un aletargado bostezo se despide de tu alma.

 

Vistes tus senos como la naturaleza a las flores,

aprisionando  injustamente lo salvaje,

y dejas incauta tu desnudez por las ropas,

ocultando las lindes de tu piel blanda.

 

Cuando te despabilas vislumbro tu belleza distraída

y siento por dentro las lides entre el caos y el orden.

 

Y de un modo contradictorio, quiero decirte

y no decirte,

esconderlo, enseñarte,

guardarme para mí el secreto

que para ti no es secreto:

 

¡Que te amo inmensamente!