es muy cierto que somos seres evolutivos pensantes y que también es cualidad nuestra la de poseer sentimientos, sin embargo, desde las antiguas culturas ya se ha reconocido que somos portadores de un aspecto más trascendental, es decir, nuestra esencia, la que se manifiesta de manera misteriosa, por ejemplo, en el arte; pensar y sentir es un acto evolutivo, modificable, para bien o para mal, pero nuestra esencia, lo que somos en verdad es permanente, la vida es precisamente una búsqueda (aprendizaje), reconocimiento de quién somos (esencia) no de qué somos.
como seres trascendentales que somos, debemos ser cada vez más uno mismo, ser eso que vamos autodescubriendo y desde ese autoconocimiento encaminarse a no traicionarnos jamás por complacer a los demás, es decir, no pretender encajar: un ser auténtico, como aquel que no encaja en ningún estereotipo y a cambio de ello se expande, y eso es precisamente cuando alguien decide forjar (interpretar) su propia realidad acorde a su propia esencia sin salirse del mundo, no se trata pues de un ser aislado, sino alguien que crea su propia realidad conjuntándola y confrontándola con las realidades de los otros; los que no se proyectan no buscan su propia realidad, sino que se la imponen, o la toman por inteligencia (seducido por la utilidad) o también por puro sentimentalismo.
así aprender, es tan sólo descubrirte a ti mismo, y donarte (vivir) de acuerdo a lo trascendental que de ti has descubierto; desde luego, tantas veces lo que ya hemos aprendido de uno mismo solemos excluirlo, y al hacerlo nos traicionamos; aunque lo hacemos inconscientemente, sabemos luego que eso es una autotraición porque de alguna manera sufrimos por ello, y entonces reconocemos que nos falta una parte de autenticidad (desde el alma) para estar completos.
desde mi percepción todos al final solo tenemos dos opciones claras: ser auténtico (y ser libre) o no serlo (y esclavizarnos como un ser intelectual o uno sentimental).
es posible vislumbrar esa esencia en los seres a quienes nos aproximamos desde el enfoque correcto en la dimensión del alma, que es un «ver» con los ojos cerrados en la cercanía con otra alma, vislumbrando quién es, no lo que es.
también nos sucede más en el subconsciente que conscientemente buscamos encajar de alguna manera a una realidad exterior ajena a nuestra esencia; sea por proteger nuestro ser sentimental o por destacar nuestro ser intelectual, y sin darnos cuenta no nos permitimos ser más «uno mismo», es decir, ser más nuestra esencia verdadera, desde luego esta no se termina de descubrir, por lo que es siempre una constante búsqueda, una aventura.
en las proximidades trascendentales todos somos importantes, el despertar (aprender) no es un acto aislado, sino en la empatía con los demás, con alguien más; de este modo es posible convertirnos en un ser que deja marcas, huellas, en los demás, y a su vez somos marcados en el acto.
el acto de amar es trascendental, así la amistad es una forma de amar, es un modo de proximidad de las almas.
con respecto a la expresión del alma, ésta no es otra cosa más que la manifestación del Amor, es la expansión del amor que cada ser porta en su esencia, por eso la amistad, la familia, la fraternidad y las relaciones conyugales son exactamente lo mismo que la religión, la poesía y todo arte, son todas expresiones del alma: «la manifestación del amor», es decir, actos de fe, que emergen desde los seres amorosos, por ser estos portadores del Amor del que fueron creados, a imagen y semejanza de su origen: el Supremo Amor-Creador.
el conflicto en todo esto surge cuando se racionaliza, se trata entonces de un conflicto mental, porque precisamente son actos de fe, no de razón ni de meramente sentimientos; sabemos así que la oración contemplativa (trato trascendental con el infinito) de un monje eremita en un monasterio, y la poesía como experiencia mística, son potencias, expresiones del alma -pasivas-, mas no dejan de ser lo mismo que el Amor que se profesan mutuamente una pareja de novios o el que una madre abnegada demuestra por su hij@ de manera activa, se trata de la manifestación del Amor; la problemática surge después cuando además de racionalizarlo una gran mayoría sentimentaliza los actos de fe, así, luego éstos son presentados y asumidos como objetos de razón o de sentimentalismos, propiciando en muchos casos que unos cuantos -en un juego mental- manipulen los actos de fe para controlar a una inmensa mayoría de seres sentimentales y aprovecharse de estos para beneficio suyo.