Rodrigo Siliceo-Valdivia

FALCATA

ACTO I

 

Aspar descansa en las piernas

De su padre Aníbal Barca

Mientras lo mese el arrullo

Que su madre Himilce canta

 

Así comienza esta historia

Que aconteció en Oretania

Doscientos veinte años antes

De que Cristo se encarnara

 

Hannón visitaba a Aníbal

Quería recapacitara

Y trató de convencerle

De que a Roma no atacara

 

Discutieron pros y contras

Y Aníbal argumentaba

Que le parecía humillante

La paga que reportaban

 

Pues Roma había vencido antes

Y de eso se aprovechaba

Para pedir a Cartago

Tres mil talentos de plata

 

Hannón el Grande era rico

Ya no quería más batallas

Y deseó evitar la guerra

Por convenir sus finanzas

 

No llegaron a un acuerdo

Y Hannón marchose con rabia

Cartago se iría a la guerra

La suerte ya estaba echada

 

ACTO II

 

La fecha llegó a su tiempo

Y Aníbal se preparaba

Para dar cruce a los Alpes

Y así cumplir su campaña

 

Se despierta muy temprano

Con el despunte del alba

Y sin hacer ruido alguno

A Himilce y a Aspar abraza

 

Al lomo de su montura

Antes de partir exclama

Beles en ti yo confío

A ti encomiendo mi casa

 

En la casa había una guardia

Y Beles la comandaba

Pues servía con eficacia

Tal cual perro fiel de su ama

 

Desde que naciera Himilce

La princesa de Oretania

Cuatro lustros ya tenía

Cuidándole de la parca

 

En Iberia le parieron

Cartago no era su patria

Nació en aquella ciudad

Que aún no llamaban Granada

 

Aníbal se va seguro

Su mente nunca dudaba

Beles podría dar su vida

Por su hijo y por su amada

 

ACTO III

 

Beles cargó seis carretas

Las órdenes eran claras

Preparar a la familia

Y a Gadés ir a embarcarla

 

De ahí saldrían cuatro barcos

Que a Cartago navegaran

Y allá estando más seguros

De Roma se resguardaran

 

Pero unos instantes antes

De que en el puerto se apearan

A la princesa le avisan

De un peligro que afrontaban

 

Entre algunas tradiciones

Que de Fenicia heredaran

Se encontraba una escondida

Por cruel y por inhumana

 

Se decía que en viejos tiempos

Cuando guerras declaraban

Dido instituyó que un niño

A Baal sacrificaran

 

Su enemigo está muy lejos

Hannón busca su venganza

Y propone en sacrificio

Al hijo de Aníbal Barca

 

La princesa no vacila

Presurosa a Beles manda

Tienes que salvar al niño

Y al anochecer se escapan

 

ACTO IV

 

Beles carga a la criatura

Por valles y por montañas

De día duermen escondidos

Y por la noche ellos andan

 

Después de buscar al niño

Por casi doce jornadas

A Hannón se le informaría

Que al noreste caminaban

 

Se enteró que iba con Beles

Quien de feroz tenía fama

Por lo que esa misma tarde

A Akirnes él despachaba

 

Akirnes era un gigante

Con fuerzas endemoniadas

Decían que medía sin yelmo

Cinco codos y dos palmas

 

Beles nunca se detuvo

Aunque en sus pies había llagas

No sabía que en cuatro días

Akirnes los alcanzaba

 

Nueve leguas recorrían

De ocaso hasta madrugada

Dos lunas sin detenerse

Y a su meta al fin llegaban

 

A las afueras del pueblo

Un hombre los esperaba

Y en un saco les llevaba

Vino y Pan, pescado y agua

 

ACTO V

 

En Jaén aún no existía

Monumento a las batallas

En el cerro no hay castillo

Ni en la ciudad hay murallas

 

No hay demasiados olivos

Ni existe Semana Santa

No ha llegado el califato

Ni el Santo Reino iniciaba

 

Tampoco existe Jaén

El pueblo así aún no se llama

Andalucía es el futuro

Y tampoco existe España

 

Jaén aún se llama Elinga

Y Beles ahí hoy descansa

Porque ya se encuentra a salvo

El pequeñito Aspar Barca

 

Al quinto día los acecha

El peligro en la comarca

Akirnes llegó hasta el pueblo

Y los busca entre las casas

 

En la viña del cuñado

Beles mora con confianza

Y el joven que los atiende

Es el hijo de su hermana

 

Malhaya la gente noble

Sin malicia ni mordaza

Una tarde en el mercado

La lengua del muchacho habla

 

ACTO VI

 

Para atrapar al niñito

Akirnes se preparaba

Y para estar más seguro

Todo el día la finca espiaba

 

Y de ese lugar muy lejos

Al mismo tiempo pasaba

Que Aníbal rompía un sello

Desenrollando una carta

 

En la misiva leía

Lo que Hannón hacer planeaba

Con su vástago adorado

Y siente que se hela su alma

 

Pero más veloz que un rayo

Un documento él enviaba

Para Cartago al senado

Con una oferta adecuada

 

La propuesta era sencilla

En lugar de su hijo daba

Quinientos romanos presos

Oro, novillos y espadas

 

Y ahí mismo dio evidencias

De que Hannón los traicionaba

Y aseguró con verdades

Que aquel con Roma se aliaba

 

Hannón lo negó en el acto

Pues su plan se derrumbaba

Y antes de que lo apresaran

Emprendía la retirada

 

ACTO VII

 

Himilce se conmovía

Y de gusto ella lloraba

Al recibir la noticia

De que a su hijo perdonaban

 

Rápido ordenó un carruaje

Y a Elinga la transportaban

Al encuentro de su crio

Pues abrazarlo ella ansiaba

 

Pero lo que sucedía

Ella nunca imaginaba

Pues el secuestro de Aspar

Akirnes ya maquinaba

 

En quince días se cumplía

Una fecha necesaria

Pues al mercado se irían

Joven, cuñado y hermana

 

Akirnes lo planeó todo

Cada punto analizaba

Calculaba con esmero

Y con paciencia esperaba

 

No hay fecha que no se llega

Ni plazo que no se alcanza

Y un mal día deja el viñedo

La familia de la hermana

 

Akirnes brinca la cerca

Y a la casa se adelanta

Encuentra la puerta abierta

Y al niñito en una cama

 

ACTO VIII

 

Entra con mucho sigilo

Pero con más desconfianza

No se escucha ningún ruido

Y Beles se le abalanza

 

El gigante retrocede

Con sonoras carcajadas

No da crédito a sus ojos

Pues Beles es una dama

 

Él la llena de improperios

Y hasta pretende humillarla

Creí que eras un guerrero

Y solo eres una esclava

 

Beles no presta atención

Y corriendo a Aspar levanta

Cuando Akirnes reaccionara

Ella ya está en la ventana

 

Un potro afuera se encuentra

Montada a pelo ella escapa

Pero la sigue de cerca

Akirnes en yegua blanca

 

Llega al pueblo y pone a salvo

Al pequeño con su hermana

Y le cuenta a su cuñado

Lo que pasó en su morada

 

Beles se queda en el pueblo

Los demás huyen a casa

Para preparar defensas

Temiendo lo peor pasara 

 

ACTO IX

 

De regreso hacia la viña

Un carruaje se encontraban

Entregan a Aspar a Himilce

Y le informan lo que pasa

 

Beles es ágil y es fiera

Pero precisa de un arma

Y se necesitan siclos

Para comprar una espada

 

En un puesto del mercado

Sin que nadie la observara

Golpea a un hombre en ambas sienes

Y lo despoja de su arma

 

Hasta el pueblo llegó Himilce

Con su guardia bien armada

Para defender a Beles

Pues merecía ser salvada

 

Beles buscaría al gigante

Este por ella indagaba

Y en una estrecha calleja

Finalmente se encontraban

 

Ella le perforó el vientre

Pero antes de que exhalara

El gigante con sus manos

A la doncella asfixiaba

 

Para cuando llegó Himilce

En la calleja se hallaban

Solo dos cuerpos inertes

Y con sangre una falcata