jvnavarro

ME LLENÉ DE POESÍAS

 Me llené de poesías,
de policivos
y de nicotina.
 
Dale, que dale, 
dale que mira,
rima que rima,
ya era tarde y alcé la vista,
la noche corría de prisa,
en la televisión aparecía un tío
que cortaba la sonrisa,
y para muy pesar mío 
el gato de la vecina
en la ventana ronroneaba
amores que no alcanzaba a ver 
desde la cornisa.
 
Era de noche 
en este apartado pasaje de mi vida,
todo del color de la luz
que de golpe me caía encima.
El goteo del grifo 
era lo que más se parecía
a un sinfonía 
sin maestro que la dirigiera
de forma activa;
pasaban los coches  a velocidades
que el radar medía
y digería con grandes multas;
y ya abiertas las discotecas
desfilaba por el lugar la movida.
Todo era una juerga
que desde lejos se suponía
con alcohol y anfetaminas.
 
Muy suave el terciopelo de la silla,
sentado yo, 
él resistía
los embistes de la vida,
mientras ocurría 
que sobre la encimera 
una sartén se dolía 
de excesos de calorías,
para ella la existencia era una tortura.
 
Se oía en el entreacto principal
 de esta poesía
gemir a un señor
 que subía una cuesta 
que encima se le venía.
El tic tac de su corazón
delataba una vieja arritmia.
 
Resulta, si se investiga,
que las aves nocturnas
en sus cacerías
tienen pocas prisas
 en despellejar 
a sus víctimas
y en decir  sus oraciones 
al Ser que les dio la vida.
 
Germinaba sin prisas
el perejil en una maceta,
el calor le animaba
a estilizar su figura,
y alzar su barriga
de debajo de la tierra
donde compartía
deseos culinarios
con semillas de pimienta molida.
 
No sigo, no se diga,
que en esta noche bendita
se desparramó una sonrisa
y el que escribe se llenó 
de exultantes alegrías.