Sergio DeBaires

Ditirambos

 

No te rindas nunca muchacha
por más que llueva, truene, refucile
si el árbol no le teme al hacha
dile a tu corazón; decile;
que si es amor no habrá quien lo fusile.

 

A veces yo te leo
sumida en la tristeza que hago mía
y juego a ser Romeo
como una alegoría
que convierte a la letra en alegría.

A veces el zureo
de la orquesta solar en la persiana
se acomoda al solfeo
que mide mi mañana 
con la alfaguara que tu voz dimana.

A veces es Morfeo
el que en el sueño que agoniza grita
los versos que surfeo
mientras el alma edita
la arbórea timidez que nos evita.

A veces el pareo
con el que adornas las estrofas cae
y en el desnudo veo
la elegancia que atrae
en cada verso que su cuerpo trae.

A veces yo me creo
que compongo en tus versos mi silbido
y en el labio peleo
igual que con mi oído
como si fuera un beso dolorido.

Mas hoy de madrugada
me despertó un milo silbador
plagiando en su andanada
el canto del amor;
era tu ditirambo y su calor.