racsonando

¡Pájaros!

 

Ayer por la tarde,
para ser más puntual y concreto,
volví a rezar en los templos.
Sin suspicacia, sin salvedades, ni lamentos.

Quise orar por los pájaros,
por sus alas,
por sus picos,
por su vuelo…
Por sus distancias planetarias,
por sus cantos,
sus encierros.
Por los pájaros sin alas
entre los barrotes de sus dueños.

Oré, lo sé, largas horas
por las semillas recogidas
entre sus picos macilentos.
Por esas alas ermitañas,
jugo de ángeles caídos,
por las cenizas de los tiempos.
Por sus alas habituales
con un fango muy moderno.
Por las balas que disparan
espantapájaros siniestros,
para que no sucumban ellos
al juego de su fuego.

Oré una y mil veces
y puse velas en sus féretros.

Oré por el cielo herido,

por el rastro de su ausencia,

por el aire que es veneno.

Por el pájaro que olvida que sus alas son el viento

y se entrega, mansamente, al invierno del silencio.

 

Oré, no sé cuánto tiempo,
por esos pájaros
y otros deudos.

Ayer por la tarde,
para ser más puntual y concreto,
volví a rezar en los templos
sin ninguna suspicacia,
sin salvedades, ni lamentos.

Porque somos pájaros…
Pájaros entre los barrotes
de los sueños.

 

Racsonando Ando (Oscar Arley Noreña Ríos)