Lourdes Aguilar

VIGÍA DEL CARIBE

Las aguas turquesa, la fina arena y el infinito en lontananza, el sol saluda desperezándose en el horizonte y el mar brilla, la espuma rompe sobre el arrecife, ése es el rostro del país orientado hacia el Caribe, testigo de las primeras incursiones hispanas, siempre sereno mientras el país se estremecía en luchas que ensangrentaban su suelo; éste territorio permaneció virgen mucho tiempo gracias a su inhóspito clima y tupida vegetación, posteriormente fue nombrado Quintana Roo en honor del abogado, poeta y político Yucateco quien fuera esposo de Leona Vicario y contribuyeran a la causa por la independencia nacional.

 Como vigía continuaba observando el amanecer, el comercio de los nativos, posteriormente los galeones que saqueaban nuestras riquezas, los gemidos de los esclavos desde las galeras, llevados y traídos como animales y cuyas lágrimas y cuerpos ya inservibles se hicieron parte del mar, los navíos piratas de diversos países hostigando tanto a opresores como oprimidos, vigía encarando la fuerza de los elementos como furiosos huracanes. Aquí fue el último reducto de indígenas acosados primeramente por españoles y después por el Ejército Federal debido al imperdonable  delito de pretender conservar sus costumbres, su historia y libertad, pero ya no pudo escapar de la explotación rapaz, la “modernidad” se ha ensañado con plazas comerciales, complejos habitacionales, hoteles, negocios y más negocios arrancando su belleza virginal que fuera precisamente lo que desencadenó la rapiña, aquí no hay oro o plata, no hay petróleo ni litio, tan solo belleza, mar y paz, demasiada paz... para quien pueda pagarla. El ruido llegó lastimando sus oídos, dañando los arrecifes, destruyendo manglares, mermando su blanca arena y comercializando su belleza que se ha deformado, mostrando en su rostro los estragos de la ambición insaciable que continúa buscando el más mínimo rincón verde, una comunidad maya hablante, un kilómetro de fina arena, un pedazo de arrecife delimitado por boyas  para explotarlo y como vulgares merolicos de feria exhibirlo a cambio de unas monedas que no llegan a las manos trabajadoras de menor estrato mientras, como fiel vigía…continúa obervando.