la negra rodriguez

CUANDO SUBÍA LA MAREA

Eramos interioranos, nada sabíamos

de estero de manglar ni de mareas.

Eramos una familia, nuevos pobres,

atrás había quedado el lujo, el derroche

de tiempos de adinerados,

lo que más había entonces eran necesidades

diez hijos y doce barrigas que había que llenar.

Mi padre con sus ahorros

una casita de ladrillo pudo comprar,

y al manglar fuimos a dar,

a trabajar con constancia con amor

y con entrega, era muy dura la friega.

Recuerdo cuando llegamos,

con todos nuestros peroles

ya la tarde era caiday la noche se venía,

no habían comprado  bombillos

y de tiendas no sabíamos,

 así que en tinieblas

pasamos la primera noche.

Asomados en oscuras contemplamos

asombrados como poco a poco

las calles de agua se iban llenando

hasta quedar en medio del Estero Salado

Era todo un espectáculo.

pero solo para verlo.

Entonces sucedio aquello

que recuerdo impresionada,

como no había luz por el bombillo olvidado.

al cepillarse los dientes lo hicimos en la ventana,

y de pronto plash, la olla que contenía el agua

destinada a nuestro aseo

¡se cayó por la ventana!

Y qué hacer si era la olla

destinada para cocinar la sopa

que todos  aprovechariamos.

Mi padre muy enojado

a mis hermanas mayores

mandó a rescatar la olla.

Eran tres, la Yoli. La lupe y la Nela

que con el agua a la cintura,

perseguían a la olla

que se iba, que se iba

empujada por la fuerza de las aguas

que traía la marea, lloraban

lloraban de coraje y de miedo

nunca habían pasado´por

sordido acontecimiento,

buscaban el recipiente

iban las tres abrazadas,

la encontraron , si, la encontraron

 atras de una escuelita

más alla de trescientos metros

en esa noche callada, oscurra

y de marea alta , mis hermanas abrazadas

en un gesto de cariño

rescataron nuestra olla.

A la mañana siguiente ,

 fue hermoso conocer el verde espeso

del paraje impresionate

del manglar y del estero.

Tenía apenas cinco años

y lo recuerdo tan claro

como si lo hubiese vivido ayer,

un momento de mi infancia.