Cubierta en seda escarlata ligera.
Con las mejillas bañadas en granada
y labios cereza.
Ella, a él se acerca.
Con el fuego en la mirada.
Jadeante del alma.
Mientras él sin perder la cabeza
entona a piano una melodía a su amada.
Con la pasión ardiéndole en sus yemas.
Ella, lo observa, cruza las piernas sobre el sofá; las aprieta.
Suspira.
Hasta dejar que termine su sonata.
Pues aunque se muere por el roce de sus manos verlo tocar le encanta.
Pues es como un roce a su labios, como un beso a su boca .
Él, la seduce con un guiño y sonríe excitado.
El juego complace a ambos.
Un juego de amor y seducción.
Que expide un olor a deseo en sus cuerpos.
Y sin hablarse se dicen tanto.
Él, la llama sin palabras, y ella, acude y responde abrazándolo.
\"Delicioso\" - piensan los dos.
Cerrando los ojos para vivir intensamente cada sensación.
La energía los inunda, los sumerge.
La agitación de sus corazones palpitan a un mismo ritmo.
De pronto, desaparece todo lo externo.
No existe cualquier medida de tiempo fuera de ese momento envolviéndolos.
Sólo ese bello preludio de un encuentro apasionado que apenas empezó.
De: Diana Janeth Reyes Díaz.
(Diana Reydz) 07/08/23
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