La noche...
Ese mar oscuro donde me sumerjo, donde revivo cada encuentro nuestro
e imagino uno nuevo.
Donde te resucitó dentro de mi piel.
Atando mis sentidos al recuerdo de esas guerras de sexo rudo, sudor, fluidos y gemidos.
Convirtiéndome en cera hirviente al tocarme.
Derritiéndome, así, con el sol entre las piernas.
Ojalá entrarás por la ventana.
Para que veas cómo te espero en carne viva, siempre anhelante.
Siempre ardiente.
Lista para hacer una nueva locura.
Pues me devora el celo de tu boca torturando mis senos,
el de tu lengua recorriendo cada espacio...
Despacio, sin dejar mi cuerpo intacto.
Sí.
Y jadear con cada azote.
Con el jugueteo estratégico de las yemas de tus dedos, acariciando suave y contundentemente ese botón que me lleva al cielo.
Quiero morirme.
Desfallecer en el ritual delicioso de estar inmovilizada e indefensa,
ante el poder de tu dureza,
de tus caderas ejerciendo su fuerza
sin piedad.
Haciéndome pedir más.
Sin importar si eso está bien o está mal.
Todo en mí te desea.
Todo en mí te piensa.
Todo en mí te sueña.
No quiero otra piel.
Ni otros ojos en los cuales reflejarme al llegar al clímax del placer.
Sólo a ti te veo en el umbral de fuego.
A ti, capitán de mis mares.
De: Diana Janeth Reyes Diáz.
(Diana Reydz) 22/08/23
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