Sombra...
En eso se ha convertido ésta amante. Ésta que soy yo.
Una que divaga en el desierto.
Que en alaridos en el viento se desvanece.
Que por las noches gime y súplica, porque ya no quiere despertar a un nuevo día, porque se siente triste y vacía.
Ésta que es un cristal roto que sólo lástima a quien apenas se acerca porque no confía en nadie.
Un eco que nadie escucha.
Una campana que resuena mecida por el viento, sin sentido alguno.
Siento sus ojos.
Dios me mira, él me cuida.
Hasta de mí misma.
Pero dormir se ha vuelto tan sólo una anestesia y no ese knockout que me hiciera perder la memoria.
Porque lo que he pensado que ya he superado, lo que creí que ya había sanado, sigue doliendo y vuelven los demonios cada que me permito soñar denuevo.
A pesar de mis creencias religiosas,
me cuesta tanto creer que exista un infierno.
Y si existe, para mí es éste que llevo dentro.
Porque por fuera nadie puede imaginarse siquiera qué es lo que a mí me pudiera estar pasando ahora.
Y pasa mucho.
No se cuánto voy a soportarlo.
Por el momento aquí sigo.
Fingiendo.
Lo hago bastante bien.
Deberían ya haberme dado un Óscar a la mejor actuación.
Pero sé que no soy la única.
Estoy segura que a ésta hora alguien más está así.
Sintiéndose tan jodida como yo.
Deseo que también aguantes. Que llores y te levantes. No queda de otra.
\"Un día a la vez\"
Eso dice la psicóloga.
De: Diana Janeth Reyes Diáz.
(Diana Reydz) 20/08/23
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