Juan E. Rôdeur

EN EL MOMENTO PRECISO

parece común en ciertos casos que tras sabernos amando, pretendemos que ese ser que amamos, sea quien tenga que adivinarlo por su cuenta; desde luego me refiero al Eros (amor entre hombre y mujer), y me pregunto, ¿pero por qué se espera eso?; yo creo, que sea lo que sea que deba de ser, primero decirlo es imperioso, sin temor, sin esperar, porque ese sosiego tras haber hecho lo que se debía es, cómo decirlo, una paz inexplicable, es quedarse con la satisfacción de haber actuado como correspondía, así, si no hay cabida para una relación, pues bien, al final me diré: hice tanto como estaba en mí hacer, yo quedo tranquil@.
también estoy convencido de la imperante decisión de dejar ir en situaciones en las que luego de hacer al máximo de lo posible, claramente no es factible que se pueda dar vida a una relación, debido a que esta es un compromiso de dos y no de solamente uno, en este caso se debe dar paso al amor en sacrifico: amar en silencio; sin embargo, se suscita a veces un amar en silencio tremendamente doloroso, [...] se ama sin habérselo hecho saber al ser amado, consumiendo cada día de la existencia en un estado desolador, porque ese ser simplemente no ha podido ni sospecharlo siquiera.
[...]
es válido dejar ir, por amor, luego de haber dado tanto como era posible, y no haber callado nada ni haber dejado de hacer tanto como se debía; desde luego que siempre cabe la posibilidad de que luego de hacérselo saber, el ser amado simplemente diga que no, que no hay ninguna posibilidad de correspondencia.
quizás es por esto que surge el temor de decirlo, por el rechazo; así, optamos por enviar señales, pero arriesgando muy poco, casi nada, por tal temor, y entonces así este amor en silencio se vuelve tétrico y hasta devastador, tal vez tanto como resulta también serlo ese amor declarado y rechazado, no obstante, este último (declarado) alcanza mejor el saneamiento, pues no habrá arrepentimiento alguno ni frustraciones tras haber hecho tanto como se debía con la intención de dar vida a una relación, porque esto es lo propio del amor entre dos.
aquí es donde fácilmente surge una interrogante: ¿cómo saber cuándo se ha llegado demasiado tarde o demasiado pronto a la vida de la persona que amamos exponiéndose al rechazo?, desde luego me  refiero al amor en su forma de Eros (amor entre el hombre y la mujer).
[...] ¿de quién depende llegar a tiempo?, no de cada uno de los seres que se han de encontrar, ¿acaso de la fuerza del Supremo Amor?, ¿acaso de la mano de esa fuerza creadora que conduce a la creación con perspectiva de eternidad?
se ama porque se ama, porque sí, se ama al ser amado por quien es, sin mérito suyo, sin haber hecho aquel otro nada en particular, tan solo por el descubrimiento de su esencia única e irrepetible se le ama.
no obstante, existe el Amor de verdad y la ilusión del amor; [...] la ilusión del Amor se desvanece, es cuando alguien dice que dejó de amar, que olvidó; mientras que en el Amor de verdad no cabe el olvido [...]
creo que tras llegar a tiempo (coincidir) la correspondencia podrá ser mutua en un amor verdadero, por eso, creo que si no ha sido así, será mejor asumir el sacrificio de Amor, dejando ir [...]
cuando para el ser que se ama ya existe alguien que es su todo, ese ser no podrá verte como su todo; a su vez, cuando el ser que amas está en proceso de duelo [...]; creo que ese ser que está en estado de aceptación de una ruptura, no puede ver a nadie más que llegue a su vida con un Amor-Eros (amor entre hombre y mujer), [...]
llegar a tiempo, desde mi particular percepción, es coincidir en ese momento preciso en el que emerge la conexión, entre dos, y el uno para el otro se convierte desde ya en su ser amado, cuando cada uno es una persona totalmente libre, pues no hay nadie más en sus vidas ni a lado suyo ni en un proceso de ruptura.
no significa que yo pueda asegurar que de ninguna manera quepa la posibilidad de ser correspondido tras no llegar a tiempo, ese ser al que se está amando puede decidir corresponder a la entrega de amor que se le hace, a pesar de que no se haya llegado a su vida en el momento preciso.