Juan E. Rôdeur

EN QUÉ SENDA ENCAMINARNOS

cuando dos seres, como siervos del amor, llegan a un encuentro y se aman mutuamente, es de ellos el libre albedrío de relacionarse y comprometerse, siempre, los dos en su entrega están predestinados a eternizarse, no porque sus caminos nunca van a separarse, sino porque han de vivir con gran intensidad sus encuentros amándose de verdad; pero si no se suscita el acto de comprometerse de entre ambos, la persona que tras el encuentro ama de verdad, ama oblatívamente, aún en la ausencia del ser amado; otra cosa es querer mucho [...], creo que en este periodo es cuando se tiende a idealizar y a crear ilusiones (irrealizables).
cuando una relación amorosa entre dos no puede continuar, [...] lo que muere es la relación en sí, es decir, ese trato, ese afecto, esa afinidad que los une, eso es lo que se extingue; [...] es la vida de la relación lo que acaba; [...] lo que sí muere es la relación que emergió como decisión de dos seres que amándose determinaron comprometerse, la relación entre dos sí es esa flor, la cual se marchita y que por ser asunto de dos, ambos van permitiendo (en muchas ocasiones inconscientemente) que culmine su existencia.
ya que amar es entregarse sin esperar nada a cambio, lo mejor es darse al máximo, sabiendo que los resultados obedecen más que al esfuerzo de uno solo a otras muchas más fuerzas y que es la mano con perspectiva de eternidad la que todo lo permite; por eso cuando no hay más nada que hacer, nos queda aceptarlo, como la ofrenda para el amor mismo.
luego que culmina una relación (se experimenta el fracaso), sumidos en la angustia optamos por culpar a alguien por el nefasto estado en el que nos vemos y con ello emerge un resentimiento que sólo incrementa más las llamas de la resistencia que nos mantiene en una tortura imbatible; así, podemos alimentar ese resentimiento y proyectarlo hacia alguien, que puede ser una tercera persona al culparla de la ruptura, alimentando en nosotros un sentimiento dañino de envidia; también se puede sentir resentimiento hacia la persona con quien se intentó la relación, bajo la conclusión de que ella no nos valoró como merecíamos y tener con esto un cierto deseo de venganza; pero más aún, un resentimiento contra nosotros mismos al sentirnos indignos, miserables, limitados, deficientes o carentes de la cualidades que el otro está buscando y con esto en la posteridad nos lleva a privarnos de la oportunidad de amar y entregarnos completamente envueltos en nuestros temores; la realidad es que no hay culpables: las cosas son siempre como deben de ser, por algo suceden las cosas.
para amar es necesaria la madurez, la cual se va adquiriendo con el crecimiento (mejoramiento contínuo), en las experiencias mismas al irlas viviendo y en ellas nos vamos preparando cada vez más para ser más siervos del amor, para amar de verdad, considerando que cada vivencia en el amor, sea cual sea el resultado de la misma, es un aprendizaje; la inmadurez nos sume en la demencia (resistiéndonos) quemándonos en las llamas infernales de la angustia; la madurez nos conduce en la sabiduría (aceptando) reconociendo la mano del supremo Amor que conduce a toda la creación con perspectiva de eternidad; está en nosotros mismos en qué senda encaminarnos.