Juan E. Rôdeur

NUESTRA PACIENCIA

es casi imposible permitirse una proximidad con otro ser tan compatible a nosotros y no enamorarse, y esto no es malo pero requiere madurez, para no obsesionarse cuando la misma vida que une a dos almas concede también que se separen, en esos casos queda la aceptación por más difícil y dolorosa que sea; estando enamorados queremos mucho y fácilmente emergen idealizaciones sustentadas en ilusiones, es decir, cosas por naturaleza irreales, dado que una ilusión desde su nombre mismo porta la cualidad de ser irrealizable, si bien, la vida se conforma también de sueños, no precisamente de ilusiones, significa que los sueños pueden convertirse en realidad y son buenos, pero las ilusiones están destinadas a desvanecerse; por eso, apostarle a las ilusiones muchas veces se paga caro y dado que a cada acción corresponde una reacción, al final nos toca asumir las consecuencias de nuestros actos; en una relación entre dos, decidir relacionarse 
es comprometerse, lo que implica que se debe asumir ese compromiso con la madurez necesaria de manera mutua y con amor verdadero.
al corazón no se le puede engañar, y se sabe cuando es mutua la decisión de relacionarse pero en muchos casos, las dudas invaden y eso, no es que de momento alguien más necesariamente las cause, sino que sucede a veces que por inseguridades propias (ego) tendemos a compararnos con otro similar, es decir, con alguien más que sospechemos pretenda a la misma persona que se presente, y obviamente en toda comparación queremos ser alguien mejor; cuando por alguna razón concluimos que carecemos de algo, esto por ejemplo al fracasar la relación o al pensar en una tercera persona en la vida de quién se pretende, pues nos duele al sentirnos por una u otra sinrazón, con menor valor, así, creo que inconscientemente buscamos justificar nuestra frustración, a veces optamos por dejar de persistir tras sentirnos indignos de merecer la relación, la inseguridad nos domina; en ese estado, nos sentimos fatal, por eso emerge un tipo de resistencia en nuestro interior, pues de alguna manera tendemos a rescatar nuestro ego; obviamente no reconoceríamos fácilmente que tenemos celos, pero solemos proyectar un resentimiento.
los benditos celos, en muchas ocasiones pueden transformarse en berrinches, como una forma de buscar ser consentid@ y de comprobar qué tanto es capaz de hacer la otra persona por nosotros para sabernos mejor y no sentirnos un ser inferior pensado que alguien más pudiera tener algo más que no poseemos para ofrecerle a quién se pretende; los celos son señales de inmadurez, si los celos nos poseen tras el erguimiento de las dudas sustentadas en la indignación de percibir a alguien más en la vida de la persona que se pretende, lo que buscamos es acabar con la indignación y para ello necesitamos la demostración de la persona que amamos de que por encima de todo y de todos se es el ser más importante en su vida, como lo es ella en la propia, por eso solemos hacer berrinches a raíz de los celos, estos parecen así como si no fueran del todo malos pero sabemos que los celos cuando se tornan enfermizos pueden destruir la confianza necesaria entre dos seres que se aman, sobre todo cuando surge la idea insustentable de que existe alguien más en la vida de quien se pretende sin haberlo corroborado.
cuando emergen las dudas, no es propiamente dudar debido a la falta de confiabilidad de la otra persona, sino que es a uno mismo a quien le cuesta confiar, al menos no tan pronto, por razones de inseguridad, es un asunto interno, aun cuando existen todas las señales de que la persona que amamos nos corresponde con la misma intensidad; es que muchas veces luego de relaciones fallidas vividas, se queda en nosotros el temor de volver a ser herido; también suele pasar que cuando somos muy susceptibles, sin tomar conciencia clara del asunto, nos revestimos de una coraza, es decir, una personalidad como sistema de protección que salvaguarde a ese ser sensible y frágil dentro de nuestro interior, porque nos convencemos que mostrarnos sin tal escudo, implica exponerse a quienes no tendrían piedad de lastimarnos, máxime si ya hemos sido lastimados, entonces parece tener más sentido hacerlo.
enamorarse con inmadurez es darle cabida a que el corazón haga de la suyas, y como el corazón es ciego, pues por momentos nos perdemos; sucede que a veces (y creo sobretodo a los hombres más) que cuando nos enamoramos nos volvemos como Niños pequeños, muy caprichosos, y berrinchudos, obviamente esos berrinches los disfrazamos para no aceptar que tenemos celos, y creo que eso pasa mucho de formas muy variadas, esto es muy recurrente entre dos seres que se relacionan, pero es parte del proceso; en el estado de enamoramiento, es realmente importante superar todo tipo de sucesos como estos porque así los dos seres se conducen conjuntamente hacia la plenitud confrontándolos, conversando y manifestando cada uno de manera clara su parecer, porque entonces el porvenir resultará más alentador para los dos, puesto que de lo que se trata es afianzar la confianza mutua.
el problema que tenemos casi todos cuando nos enamoramos es que con la falta de madurez y dominados por lo celos, no somos nosotros, [...] por esa tendencia de compararnos y al final sentirnos agredidos, humillados, al vernos menos ante aquella tercera persona con quien nos comparamos cuando en realidad todos somos de igual valor, nadie es más o menos, pero las comparaciones se dan, y entonces emerge la angustia que nos quema y luego responsabilizamos a alguien más de lo que nos pasa o nos culpamos severamente por lo sucedido; casi a todos nos falta la madurez al enamorarnos, queremos mucho y amamos poco, y a veces sólo queda encaminarnos como a ciegas hasta impactarnos irremediablemente para abrir los ojos; estando en esta situación lo mejor es contrarrestar la angustia aceptando los hechos como se han presentado y hacer lo mejor por revertirlos si es posible, con perseverancia, es decir, amar más, aunque esto mismo puede resultar desesperante, si hubiera algo qué hacer con resultados rápidos sería genial, pero muchas de las cosas trascendentales de la vida, es para poner a prueba nuestra paciencia.