Navegas entre textos inconexos,
obsequiando poemas mudos al cesto de basura en tu aposento.
Por compasión se empaña el espejo, cuando intentas reconocerte
en las sonrisas ajadas que se escurren de tus comisuras.
La soledad ya no te soporta,
su abrazo hastío cuestiona y condena tus fractales.
Has querido ser destino, olvidando que el tiempo y el espacio
son menos que artilugios humanos, sociales, banales.
En tu pluma se refugian obras lúgubres, repetitivas, imperfectas, avergonzadas.
¿Acaso olvidaste componer? ¿Acaso es el arte quién te ha olvidado?
Remendaste tus alas, pero no vuelas.
Rompiste cadenas, pero sigues presa.
Los años no han querido posarse en tus pieles,
mas camina con bastón tu alma.
Aquella ventisca apagó la última flama y tus dedos se enfrían
mientras observas indómita la pavesa.
¿Qué harás ahora? ¿Qué cantarás ahora?
Si olvidaste la dirección de las raíces con las que siempre sueñas.
Si ya no hay nido al cual volver, ni aleteo para buscar.
Si no distingues tus versos, tus voces, tus besos.
Hoy te acoges falsamente,
intentando darte calor con promesas que nacieron deshechas,
con pactos endebles que engañan a tu esencia
para que no se entere tan pronto de que has empezado a idealizar la muerte.
¡Ay de ti, muchachita! ¡Ay de mí, muchachita!