EFÍMERA JUVENTUD.
Sus pasos tibios eligieron irse,
por húmedas veredas otoñales,
como alud de túrbidos invernales,
sin paredes éticas dónde asirse.
Quiso retener zagal su mañana,
oculto el rastro de vetusto ocaso,
delatan las patrañas sus pasos
en perdida luz de edad temprana.
El en sus ojos lloró su partida,
y llevó su sollozo a las estrellas
pasó mil horas rogando a ella
le devolviera con su regreso la vida.
Ahí va hoy por el bulevar la ruborosa,
con su abatida lozanía ya vencida
derrotada soberbia ínfulas perdidas
inexorable final de arrogante mosa.
Premiado por la vida va el valiente
el caído que recobró escudo y flecha
con estirpe y consorte a su derecha,
ufano gozoso placentero sonriente.
Autor: Poeta al atardecer.
Abril de 2026.