DE LOS OFICIOS DE UN POEMA
Contemplad este cielo tembloroso en las líneas de mis manos,
las nubes ancladas y sus risas encriptadas en el cristal de tu mirada.
Contemplad esta fugacidad de mariposas viajeras
y el claro-oscuro de las arpas que repican,
cual campanarios de moda.
Contemplad este río de niños
cuyos juguetes languidecen en un estío de miradas vespertinas,
y este despertar de frutos como colgandejas mañaneras
y sus disfraces de amor...
(Estamos deshojando pétalos mitificados).
Contemplad estas risas de cigarras reventadas
en los tálamos de los amores eternizados.
Contemplad estas siluetas de lunas en el trasluz de las esfinges rotas;
y la misma caravana de caracolas marinas
proyectada en el punto de los corazones trasnochados.
Contemplad, y vuelve a contemplar,
las palabras gastadas, los árboles enmudecidos y el rubor del cielo,
si aún conservas la serenidad de tus pasos
y los arpegios de las almas alucinadas.
Contemplad, y finalmente permaneced absortos,
ante las vidrieras opalinas que desescaman peces
en el estertor de los siglos sigilosos.
Contemplad este ritual de cadenas; de mares perdidos,
de cruces y de espadas,
mientras los cuerpos ennegrecidos lloran su habitual destierro.
Contemplad esta lluvia de pájaros parlantes
que sacrificaron el verbo de sus lenguas
para salvar nuestras almas y la fugacidad de los signos.
Contemplad, si nos alcanza el tiempo,
los pasos y el pulso de un poema,
mientras la luna entreabre sus cortinas
a tus ojos desorbitados.
Racsonando Ando (Oscar Arley Noreña Ríos)