Miguel Ángel Miguélez

Ruina montium

 

 

 

 

 

Areniscas de rumbos delirantes

aran de rojo el valle ribereño

que, plomizo y extraño, pone empeño

por retirar, a tiempo, consonantes

 

y transformarse en cielo. Rumïantes

clavan sus dentaduras en un sueño

de pesadilla y de oro, que hacen pequeño,

al despertarse entre sombras punzantes.

 

En el ocaso, oscura galería

al alba clara, vida y quebranto.

De la ruina, que el monte estremecía,

 

guardo un silencio de muerte en mi manto

que fiel, peregrino, anhelo algún día

verte de nuevo, camino del Santo.