Pedro J.

Venganza

Volaban dos blancos corceles por  sus  jinetes guiados. La orden ha  llegado.
  Los corazones  y su arrebato van a cumplir el mandato.
  Las altas lomas no importan y su poderío soportan.
  Nobles y fuertes robles observan como el bravio se aleja.
  La noche ya se cierne sobre la cumbre vieja.
  Lejos aún queda el destino otro día en el camino.
  Galopan sin tregua en la llanura
sus inciertos destinos exigen premura.
   La sangre demandada debe ser derramada.

Meditados  pensamientos antes de entrar en tormentos.
  El gran astro refleja en el  acero su realeza.
  Hilos de plata al viento sus crines, son dos auras afines.
  Cruzan arroyos, bosques y colinas dejando atrás las ruinas,
 y las ánimas penitentes
con su fulgor, arrojan en la senda luces del alba.
¡ Tú ! Rey cruel! Que de humanidad renegaste.
 que con tus  propias manos de adorables  almas la vida segaste.
  Dos criaturas amadas
sin las caricias  soñadas.
  Dos ángeles de ternura
muertas por tu empuñadura.
  La venganza cabalga, implacable y rauda
pronto llamará a la puerta saldando con tu sangre la deuda.