JuacoH

Tres Decadas

El desespero

 

Sigo mirando a las estrellas entre suspiros, sin controlar el temblor agitado de mis piernas.

Sigo suspirando con los ojos cerrados antes de enfrentar la realidad.

Sigo armando mapas cuando miro al techo, hilando ideas sin éxitos.

Sigo mirando atardecer con nostalgia, mientras lleno las nubes con humo.

Sigo aburrido de las personas en general,

Sigo buscando ideas, pensamientos y formas que resalten,

Sigo preguntando la razón,

Sigo sin querer mucho el hecho,

Sigo quemando lo que duele.

 

El futuro

 

Es ahora lo más cierto.

Crece y se mueve en un vientre amado,

Gira y se estira,

Se engloba y salta cuando le leo o le cuento historias.

Se llama Tomás y es la única promesa en la que creo.

Se protege con las manos,

Frunce los labios,

Ha tumbado todos los supuestos,

El futuro es fuerza y rebeldía,

Pues existe en un mundo en el que todos dicen que es imposible.

Además,

Tengo la certeza de que me enseñará más de lo que podre enseñarle a él.

 

Las constantes

 

El dolor mengua, pero no se ha ido,

La certeza de que mis padres son el par de viejos.

La incomodidad con el mundo,

El espacio, el arte y las mujeres.

Las preguntas hacen meiosis sin apoptosis.

La tristeza crónica.

Aun no se que se roba mi sueño.

 

La Evolución

 

La rabia me secuestra cada vez menos.

Me detengo a ver la belleza del mundo,

Respiro, las aves cruzan,

Las nubes caminan o se agitan,

El golpeteo de la lluvia arrulla.

La tolero cada vez más tiempo.

 

El fastidio

 

El labial Vinotinto.

La belleza de lo humano.

La frivolidad de los sentimientos.

La razón vencida que yace en pechos hendidos de sentimientos.

El apego a lo poco que me invade.

El veneno de existir.

 

El poema

 

Entiendo el valor del tiempo,

Como aumenta con cada segundo extinguido.

Agradezco el regalo del silencio,

Y el temple de la palabra muerta en el paladar.

 

La vida no es más que un vejamen existente entre el nacimiento y la muerte,

Una comedia dantesca con intervalos de éxtasis,

Un hedonismo camuflado y bien adiestrado.

 

La muerte no asusta,

Alivia con su gélido abrazo,

Con su destierro de olvido y descanso.

 

La alegría ya no es un fin,

Ahora basta con que el dolor no exista,

Con expugnar el ego,

Con aceptar y conquistar el absurdo. 

 

Ahogado por la madrugada y los demonios, 


Me pregunto acongojado, 


¿cuántas veces se muere para aprender a vivir?