Vicente Martín Martín

Hablando de evidencias incómodas

Hablando de evidencias incómodas admito

que soy un ignorante,

nada sé, por ejemplo,

del origen del mundo ni en que esfera se mueven las teorías

del tiempo y el espacio.

¿Fue fruto del azar y en ese caso Dios queda reducido

a una casualidad?

Llamaré azar a Dios y sigo viendo en la tele

películas de estreno.

Mi ignorancia es la suma de un montón de sospechas que murieron vacías,

sé tanto de mí mismo como entiende un canguro

de un piano de cola,

desconozco

si fuera de mi mente hay otros mundos

y otros seres capaces de advertir las vibraciones

del vuelo de una mosca,

y sin embargo

a veces me cuestiono si esta vida, el amor y hasta la muerte

no son más que una regla matemática,

una simple ecuación que se destruye a así misma.

Motivos hay

y muchos

para creer que fuera Galilei quien dispuso

los misterios del mar, quien intuyera

que las leyes que rigen las estrellas nada saben

del rumbo de los peces ni del canto afligido de los cisnes.

En realidad

nunca pude cenar con Galilei ni en mi mochila

llevo libros de Leiniz y Spinoza.