Voy a guardar mis besos
para cuando esté contigo,
para cuando tu camino
se confunda con el mío.
Los guardaré con paciencia
bajo el talud de las nubes,
para que caigan intensos,
gota a gota, sobre tu piel,
como un lento incienso vivo.
Los guardaré en la frescura
aluvial de las mariposas,
para que vuelen y se posen,
con insaciable ternura,
en la miel de tu boca roja.
Los guardaré con la niebla,
en la brisa de la mañana,
y bajo el velo de la tarde
cuando el sol se vuelve grana.
Los guardaré en todas partes:
en las esquinas del aire,
en la sombra de los ríos,
en los senderos que cruces
y en el calor de los nidos,
para que nunca te falten
mis besos,
henchidos de amor.