Me dormiré entre palabras
apenumbradas de cuarto,
acunado por la insomne
cadencia de campanarios.
Vestiré blanca camisa
de lino crudo y amargo,
trama de hilo por mortaja
donde sumir sueño largo.
Un filo abrirá sangrías,
—¡ay, por los cuatro costados!—
y al doblar bronces la torre
por el puñal temerario,
vuelos de paloma niebla,
con silencio de tejados,
serán la señal sencilla
en la alta hora de los pájaros.
Para que cuando ella vuelva,
toda rosa de su tallo,
le diga el pino y la fuente
en un declino de ocaso:
—Mujer, tu poeta duerme;
¡no lo busques, que es en vano!
Ni al blanco de su camisa
que en el sueño se ha granado,
yace dormido en palabras,
y ellas, ya lo han acostado.
Claudio M. López