Alberto Escobar

Hay cosas que...

 

Dicen que es sabio
quien es capaz
de oír crecer la hierba.

—Un proverbio búlgaro, o húngaro —no estoy seguro. 

 

 


Hay cosas que son las importantes,
las que sostienen al resto,
las que sin ellas la vida
es una quimera, una entelequia
imposible de llevar a cabo. 
Sé que estoy solo, que la cabeza
no sabe más que dar vueltas
buscando donde abrevar y hacer fonda. 
Sé que me gusta, aunque también es
de mi agrado una caricia, un te quiero
a destiempo, de improviso, cuando
las luces están apagadas a la sorpresa. 
Hay cosas importantes, sí, 
que no deben faltar en este cocido
que es el transcurrir diario, el impulso
natural que nos lleva a seguir aunque
no se sabe dónde —la alternativa es
mucho peor, creo—, y esas cosas
son dos: una mente serena y una caricia
—y vuelve la burra al trigo— en forma
de palabra agradable, de sonrisa,
de canción que te lleva a otros momentos...
Cuando cocinamos un pastel 
lo principal es el pastel en sí:
sus ingredientes, su magistralidad 
al combinarlos, el amor que salpimienta
la elaboración, el toque final de canela...
Lo secundario —aunque no por ello baladí—
es la guinda y toda la parafernalia de orlas,
ornamentos y ribetes que descansan 
sobre lo importante: el pastel. 
Esta disertación viene a cuento 
de que lo importante lo asemejo al estar bien,
estar tranquilo, conforme, sin nubarrones
tormentosos que merodeen el cráneo
y que amenacen aguacero pronto y rabioso. 
Lo demás... es guinda. 
Que la guinda sea la sorpresa.
Que la constante sea la calma.
Eso me propongo cada segundo 
de mi sobreviviente existencia. 
Me gustan las guindas, que lo sepas...
Hace unos días, paseando, vi...
No sigo porque no viene a cuento 
con el cuento que estaba contando.
Lo dejo aquí, aunque me cuesta dejarte.
P.D. Hay cosas que... —no soy capaz
de cortar, ya ves.