Josefina Barreto

REVELACION

“Y el séptimo ángel tocó su trompeta”

Y en el horizonte murió la mirada.

Caras macilentas de horror y de hambre;

la cruz del tormento que llevó el profeta,

las manos vacías, manchadas de sangre

de un niño, de un hombre, de un infortunado

que de la esperanza, no le queda nada

sólo los rescoldos de un campo minado.

 

“Luego vi a la bestia de siete cabezas”

Vi a la muchedumbre que, despavorida,

huía mientras otras criaturas aviesas

de entrañas muy negras y mente torcida

les volvieron luego en fáciles presas.

Presas de la ira, del ávido encono;

presas de avaricia, lujuria y apego.

De envidia, de celos, cual reyes en trono

cuyo dios es solo su imparable ego.

 

“… vi cuatro jinetes ir sobre la tierra”

Y corrió mi llanto e inundó los mares.

Seres inocentes, heridas de guerra

en rostros e inertes cuerpos por millares.

Y pedí perdón ¡perdón! por la indolencia,

por mi indiferencia, por dejar de lado,

por el “no me importa”, por el “no me afecta”

por mi negligencia envuelta en pecado.

 

“Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva”

cuando no esperaba ya ningún consuelo.

La esperanza rota, la virtud cubierta

de fango, indefensa, rodar por el suelo

sin que nadie sienta, sin que nadie advierta

que el fin de los tiempos lo lleva en los dedos;

que basta un chasquido, un golpe en el pecho,

que ya no te salvan ni rezos ni credos.

Que no hay vuelta de hoja, el daño está hecho

porque nadie siente, porque nadie implora,

porque solo somos ciegos guías de ciegos

¡nuestro apocalipsis es aquí y ahora!