🇳🇮Samuel Dixon🇳🇮

El viejo de la orquesta

Las voces galanes entraron al puerto
a un bello concierto de don Antolín.
Aquel pobre viejo miró que su puerta
estaba desierta, de principio a fin.
 
Entraron los nuevos a ver la coraza
que daba la plaza de aquel ruiseñor;
de pronto sonaba la marcha funesta 
que daba la orquesta con toques de amor.

La plaza del puerto quedaba muy lejos
que aquellos tan viejos pudieron llegar.
La gente amorosa da todo por nada
y cada mirada lo puede encontrar.

«Queridos señores, sean bienvenidos,
estamos unidos con rumbo ideal,
la vida tan digna nos brinda su clara
que no se compara con algo mortal.

Señores presentes y grandes artistas
reluzcan sus pistas que es lo mejor.
Señores valientes que aman su suelo
roguemos al cielo con alto clamor.

Maestro de orquesta, cedido su canto
aleje este llanto que me hace morir, 
señores, les dejo la orquesta abolida
que canta a la vida, sin más que decir.
 
Nos cubra la noche, nos abrace el día,
así repetía con gozo Antolín.
No puede la guerra matar lo valiente
de quien sabe y siente las horas del fin.

Sonó aquella orquesta lo bello y pedido
que había prometido con gran emoción;
El viejo y la gente con ojos sajones 
pedían canciones desde el corazón.

Pasaron dos noches soñando despiertos
los nobles y yertos que son todo así.
Pasé diez minutos mirando la orquesta,
y no sé más de esta porque me dormí.

                             Samuel Dixon