Extraño los miedos, cuando acechaba la inquietud, la inquietud de un problema que tenía que ser resuelto a toda costa.
Extraño la preocupación, cuando el pesar de los temores era una fortaleza, la debilidad que protegida se convertía en más que fortaleza.
Extraño cuando la soledad era la mejor compañía, antes de ser pasiva agresiva, que cuando era necesario te abrazaba y sus abrazos no lastimaban.
Extraño cuando las noches y mañanas no estaban conectadas, cuando el tiempo se mantenía separado y el insomnio era quién las unía, cuando era el temor quién decidía hacerme actuar y las consecuencias aún no venían.
Es como extrañar el dolor del pasado, es envidiar cuando todo era más sencillo, es mirar al mar buscando un reflejo, buscando el momento perfecto para saltar.
Es extrañar lo que hoy no está, el temor a quedar atrás que hoy es una realidad, extrañar sentir como lo nuevo y único venía a la vida, pero hoy recordar cómo se fué y nada será igual a eso que quedó atrás.