Raiza N. Jiménez E.

Cautivada.-

Es esta, una hora nocturnal y sosegada.

Mi corazón llora con tristeza esta agonía,

Todo se tornó lóbrego en ésta, tu lejanía.

A lo lejos se escucha mi melodía adorada.

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Se animó mi espíritu al escuchar esa balada.

Con ese venerado y triste tono, se avivó mi melancolía.

Jamás creí que echaría de menos tu cercanía.

Trato, sin éxito alguno, de parecer feliz y aplomada.

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pero ese tono de Chopin, aviva en mí,  una vieja y triste congoja.

Debo decirlo, jamás estuve tan confundida.

Algo en mi alma se activa, al soplo excelso del mágico piano.

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Mi alma como triste y pálida Margarita

se deshoja.

Nunca ella, se había sentido tan sola y tan compungida.

Y frente al dolor se vuelve un artesano.