Josefina Barreto

GOLONDRINA

¡Quien dijera!

Que tú misma aquella tarde preparaste  tus maletas.

Empacaste tus ideales, tus presagios, tus tristezas

y en el sopor del verano alzaste el vuelo

con el roce de tus alas encima de sus cabezas.

Y te fuiste

solitaria entre el tumulto de aves nuevas,

bajo un cielo de inquietudes,

anidaste entre tus miedos, sinsabores y mil pruebas.

La nostalgia no hizo eco,

en tu pecho no hubo huellas

del pasado, del derribo, del cansancio, de las eras.

Los cristales de tus alas se tornaron en saetas,

de metal fueron coraza,

olvidaron la tibieza.

Y volaste

más allá de toda infamia, por encima de las necias

falsedades de los hombres, sus costumbres y creencias.

Sin embargo, no volviste,

el verano no te trajo de regreso hasta tu selva

porque inerme

en la red de las pasiones te atraparon sin clemencia.

Fuiste presa

de las armas invisibles del amar por inconciencia.

Quien dijera

que una tarde sucumbiste, como pétalo en la hierba.

Sola y triste.

Golondrina de verano, que murió en la primavera.