Yo siempre fui un loco aventurero,
un amante de lo bueno
y de lo malo también.
Siempre anduve sin prisa,
muriéndome de risa,
pues todo me daba igual.
Hasta que te vi.
¿Por qué tenías que aparecer así?
Sin pedirlo ni soñarlo,
sin siquiera comentarlo,
sin haber visto tu rostro,
ni siquiera en maniquí.
Hoy, ya preso de tus ojos,
de ese cielo tan hermoso,
reposo mis ansias en el rojo carmesí
de tu boca —roja y mía—,
donde siempre habita una flor
para un errante colibrí.
– Delalma
07/05/2022