Antonio Miguel Reyes

Mi niñez y aprendizaje

 

Mi niñez y aprendizaje

 

 Hoy vivan aquellas letras

que a palos me las metieron,

mil veces me las dijeron

hasta que las aprendí.

Preceptor educativo

pedagogo mal tratado,

que por ser tan mal pagado

con golpes me dio latín.

 

Los años son testimonio,

aplicando bien la regla

con ella todo lo arregla,

mano, tienes que sufrir.

Malo como su carácter

al conseguir ese máster,

un regalo del demonio

difícil de conseguir.

 

Metido en un seminario,

ya de niño,

tu engañabas a diario

rezando para ser cura.

Donde llega la locura

Cuando no existe cariño.

 

Conseguido

por despecho,

tú lo has hecho.

Ya te ríes,

das tus clases

con tus bases

y nos fríes

 

A pesar de lo sufrido,

me enseñaste la lección

y todo lo aprendido

lo guardo en el corazón.

 

Fueron tantos los doctores

que se vieron,

como buenos profesores,

tan alegres tan contentos

salidos de los conventos.

Otros muchos sucumbieron.

 

No hay escuela

sin maestro.

Todo un gesto

de esplendor,

una foto

del caudillo

y bandera

del valor.

 

 Que dolor,

los cantos del cara al Sol.

Que tristeza,

la gente con su pobreza.

Que amargura,

La vida no fue segura.

Que castigo,

sin el pan y sin el trigo.

 

Fue tan dura la posguerra,

una niñez que me aterra

no se la deseo a nadie,

ni a mi peor enemigo.

 

Lo confieso buen amigo

mejor que nadie lo radie.

   Solo quiero que se sepa

       las huellas que deja en hambre.

    Polifagia da calambre

   como leche da una teta.