DianaReydz

\"SOLDADO DE MI CORAZÓN\".

Tenía 16 años cuando lo vi por primera vez.
Bueno, casi 17, por un par de meses
y me tocaba hacer un año de servicio inevitable fuera de la escuela.

Lo recuerdo y aún sonrío como tonta,
porque ese día sin pensarlo,
me descubrí por primera vez deseosa por un hombre.

Eran sus ojos, sus benditos ojos,
mi droga.
Llamas que quemaban.
Un par de balas 9mm, que disparaban a quema ropa.

Era su voz, el sonido que mis oídos esperaban escuchar desde el instante en que ya yo debía volver a casa.
Porque sólo eran unas pocas horas las que podía gozar de su presencia.

Dios, yo lo miraba a hurtadillas,
como quien recorre lentamente
una ruta maravillosa cada día.

Pestañeando ante su mirada
seria y misteriosa.
Sus mejillas fuertes, su delineada boca y ese movimiento de sus labios carnosos al pronunciar las palabras eran una tortura exquisita...
que me desafiaban a estar lo más atenta posible a sus explicaciones precisas y calmadas de cómo saber cargar y usar un arma ante un escenario posible
(aunque por dentro me derritiera como cera)

Cuando yo lo que ansiaba,
cada vez que pasaba momentos con él, era que empuñara mi cuerpo contra su cuerpo,
con la misma firmeza y seguridad,
con la que lo hacía con esa Pietro Beretta, al practicar y dar directo al blanco.

Nunca lo supo.
Nunca se lo dije.
Y, ¡Cómo!
si me doblaba la edad y, de haberme atrevido hacerlo, antes de eso me hubiera muerto de un infarto,
y yo, sólo era una adolescente temerosa que lo admiraba por ser de pocas y justas palabras,
disciplinado y discreto cuando hacia las cosas.

Pero todo lo bueno un día tiene que terminar.

Y casi al final del mes de mayo,
después de leer una carta que le entregaron, él se tuvo que marchar.
Su lealtad ya estaba dada,
y yo, sólo era una chica más
que iba a hacer su servicio militar,
no su amada, no su amante, no... nada.

Lo único que conservo,
es el contacto de su mano estrechando mi mano,
una tímida sonrisa y un beso inesperado en la mejilla de despedida.

Después de ese día no lo vi más, no tuve de él novedad.
Aún cuando todavía aproveché
el mes posterior a su partida que me quedaba, para investigar dónde podría estar.

Y es que, de haberlo sabido,
seguro hubiera ido trás sus pisadas,
decidida a no callar más el ardor de mi agonía.
Pero creo que fue obra del destino divino que así quedaran las cosas.

Lo cierto es, que aún no lo olvido.
Aún, a veces, sueño y recuerdo el rostro de aquel soldado de 32 años;
su cicatriz en forma de flecha en su antebrazo.

Y quizá algo en mí no ha querido olvidarlo o, no lo se.
Sólo sé que, de vez en cuando,
se me escapa un profundo suspiro,
pensando en él.

De: Diana Janeth Reyes Diáz.

(Diana Reydz) 27/03/22

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