Alberto Escobar

No, Tomás.


Femina est mas occasionatus.

— Santo Tomás de Aquino—






Afirmaba el dominico que la mujer es espiritual y corporalmente inferior, y la inferioridad intelectual es el resultado de la corporal, más precisamente de su exceso de humedad.
Téngase en cuenta la tradición veterotestamentaria —más en concreto la del génesis— en que se tilda a Eva como causante del pecado original; que fue ella y no Adán quien desobedeció la orden divina de no probar las manzanas del Árbol de la ciencia, lo que llevó al hombre a tener que vivir del sudor de su frente y a la mujer a sufrir el dolor de parto.
Es decir, la Ciencia sacó al hombre del desconocimiento y de la inocencia al mismo tiempo, de ahí que a pie de calle se haya ensalzado el valor de la ignorancia o la inconveniencia del conocimiento para llevar una vida feliz y por otra parte la maldad intrínseca de la mujer, sostenida incluso por ellas mismas.
Tampoco podemos desoír el aserto bíblico que hace proceder a la mujer de una costilla de Adán, lo que consagra su sumisión y minusvalor ontológico. 







El bueno de Tomás— no tan bueno a lo mejor—
afirma de la mujer como varón fallido, y yo,
humilde mortal y simple lector, diría
que lo contrario; que el hombre viene
de la entraña y seno de la mujer, 
que es ella y solo ella quién
le da albergue y cobijo 
durante la edénica estancia
de nueve benditos meses, y no...
Eso de la costilla es tan incierto
como que dos más dos son cinco:
Ni la mujer es menor de mente 
por serlo de cuerpo ni pimiento frito.
De estos polvos vienen estos lodos 
aunque diría para ser justos
que la canción se remonta al albor
de nuestra forma de vivir, muy antes...
El Cristianismo no es original en esto tampoco
y la Iglesia morirá cochino por nacer lechón.