Al Duborg

Después de la tormenta…

¡Qué bonita! blancas son tus ansias, 

cándido ornato de pulcro marfil.

Tus labios se abren… Linda flor de abril,

ante un beso que acerca las distancias.

 

Soy tuyo como mías tus fragancias,

que encienden nuestro mágico candil.

El tren toma de nuevo su carril

y encuentra en el amor verdes estancias.

 

Una racha de mimos colectivos

le matan la discordia a quien ostenta,

espantan al rencor con sus motivos

 

y el alma en las caricias se alimenta.

Tu alforja recolecta los olivos,

después que haya pasado la tormenta.