Pelayo Ponte

AQUELLOS AÑOS EN LA ESCUELA

Liberado de la prisión diaria de la enseñanza,

las horas pasaban rápido, era una delicia,

cada fin de semana era digno de alabanza,

no así, las tardes dominicales de mi puericia. 

 

Pensando ya, en la anáfora de deberes,

ya que ir a la escuela no era un deseo,

y en la larga lista escolar de quehaceres,

 en un  sistema rígido y disciplinario para reos.

 

Yacía un sentimiento de alienación permanente,

pensando  en el juego y la calle, todo el día,

 el uso de la memoria estaba siempre presente,

fuente de la deficiencia de atención y apatía.

 

  Favoreciendo la entrega a la fantasía altruista,

a un tiempo recurrente de vacaciones de verano,

hacia donde la mente volaba al cerrar la vista,

en un mundo de fantasía para niños desencantados.

 

 

José Antonio Artés