JUSTO ALDÚ

MITOMANO

 

Vivir apegado a los mitos
de tu propia imaginación, 
te dislocas al observar los fenómenos 
como si pudieras cambiarlos
en combinaciones fantásticas de hechos.

Engañas a otros con tus fantasías y terminas 
por engañarte a ti mismo
al calor de espíritus afirmativos.

Mitomano, te has convertido en mitomano;
te estimas a ti mismo
en más de lo que vales 
y aprecias a otros
en menos de lo que merecen.

Mitomano, quizá tengas dos lentes para apreciar
las cosas
uno de aumento vuelto
para adentro
y otro diminutivo
vuelto para afuera.

Mitomano, no eres más
que un mitomano. 
Si eres poeta, eres el mayor del continente o del mundo;
si eres erudito, nada escapa
a tus dominios;
hablas de Medicina con el mismo aplomo que de astronomía.
Todo menos tus defectos.

Mitomano, conductor dominante de las charlas 
o siervo incondicional
de tus fantasías. 
Doble de otros,
grosero ironista
que incorpora el alma
de algún lacayo,
si dejara en ésta frase algún gesto de caridad para juzgarte.

Mitomano, no ves
a los otros
cuando estás en posesión de ti mismo.
Fuera de la etiqueta
del guardacaballos.

Mitomano, ganador de antipatías y no pocos desdejos. 
Eres solo el fragmento
de un líder,
un conductor de característica subjetiva. 
Tanto más fracasado
cuando más imaginativo
y cuanto más subjetivo.

Mitomano, perteneces al desolado patio de las máscaras. 
Lo sabe todo y no es raro
oírte decir que Cesar
figuro en las cortes de Ciro
o que Demóstenes era el orador oficial de Tutankamen. 
Tanto más, tanto menos, según el curso por correspondencia que te cultivó la aristocrática universidad
que frecuentaste.

Contradictorio de oficio.
Tus falacias cobran fuerza transmisora que terminan por enredar al vecino o al amigo 
en peligrosos disturbios.

Mitomano, peligro que vive
en una mascarada de esferas trágicas. 

JUSTO ALDÚ 
Panameño 
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