José Luis Barrientos León

He olvidado el tacto

 

He olvidado el tacto de la soledad

De la ausencia del tiempo

De los calendarios deshojados

Que pronunciaban mi nombre entre sombras

 

He olvidado el tacto de la noche

Extrayendo el alma con silencios

Desamparando los huesos en umbrales de olvido

Sin palabras, sin piel ni latidos

 

He olvidado el tacto del abandono

En la mañana lúgubre sin esperanza

Silenciando la lluvia con lágrimas de nostalgia

Sin viento, sin sueños, inundado de fantasmas

 

He olvidado el tacto del pasado

Cayendo sobre mi piel como resina

Torturante con sus horas de frío

Calando los huesos, llenándose de extravió

 

He salido del olvido vestido de sol y nube

Fundando con manantial y canto la morada

En las horas tempranas de río y bruma

Elevo mi voz a la montaña,

Para inscribir tu nombre

En la raíz del árbol y el viento que lo agita

En el mar que nace y el fluido que renace

En el canto del ave y la bruma que lo arrulla

En el volcán que mira y tus ojos que contemplan

La entrega ingenua de tu vientre

Que fecunda primavera