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Amber

La Distopía del Asperger

¿Por qué?,

¿por qué esa felicidad?,

¿por qué esos problemas?,

qué envidia,

qué fastidio.

 

Esos morbosos neurotípicos,

voluminosos se ceban sin parar

de un placer que no ven,

del que no se dan cuenta,

qué fastidio.

 

Felices, propietarios capitalistas

a punto de aumentar su patrimonio,

yo no puedo sentir eso,

solo veo un montón de papeles verdes

con poder para dominarlos,

inconscientemente les han dado la misma consciencia,

no puedo sentirlo,

qué envidia.

 

Cuan fácil sería hablarte si por cada mirar tuyo

alguien me chivara los versos

que habría de pronunciarte.

 

Cuan fácil sería estar contigo si

viviéramos en una guerra de amor,

si mañana mismo nos separase la espada

y nos guardase el escudo en distintas trincheras

sin fervor.

 

Cuan fácil sería esta criba de amores,

que fácil sería si por cada manzano nacieran mil inviernos

que dieran piedad a un solo fruto de mismos olores.

 

Cuan fácil sería una conversación

si no cubriera el odio su manto,

si no se instalara en mi cabeza el tedio canto.

 

Cuan fácil sería escuchar tu voz

si cuando se entonara

no me secuestraran aturdimientos,

mal pesares de viajes lentos.

 

Cuan fácil sería atender al primordial tema

si no viniera casado con la mosca de los desvaríos,

si pudiera ver con tus ojos

y no con los míos,

si este estrés flatulento e hinchado

no estuviera junto a mí en mi almohada,

si no me vislumbrara con toda placentera

vida ajena y sus amoríos.

 

Hay veces en las que contemplo el blanco techo

de pintura desgastada y busco la luz que no veo,

esa que no veo por culpa de otra

que lo revela y esconde todo;

le falta vacío,

le falta el negro color que me permita

ver mi luz deseada en este sentir tardío.

 

Otras veces contemplo la marrón puerta

de madera lijada,

en su manilla dorada se esconde mi estañado

destino,

en el que pienso mucho,

al que no doy la mano por temor,

no muevo la manilla por el horror de la

madera resquebrajada,

porque resista la divina puerta

y me guarde junto al techo

de pintura ya sonada.

 

Muchos me creen loco,

otros me creen raro,

yo también lo pienso,

también farfullo entre el sí y el no,

aunque en el fondo no me sienta así.

 

Todos somos humanos,

todos estamos locos;

loco el que no es normal por ser distinto

y el normal, loco también por ser igual a todos.