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belen lopez sanchez

Tus ojos verdes posados en los míos

Prueba el viento los dulces movimientos.

Los rayos de un sol caído calientan la cúpula

de una selva de troncos hambrientos.

Se despide el crepúsculo

apoderándose el silencio de una noche oscura,

vendando el ojo de plata de la luna

que tímidamente al viento murmura.

 

Tulipanes y petunias visten de seda roja su blancura.

Agujeros negros cubren su resplandor

que ciego percibe un rico aroma

mientras un mordisco moldea ansioso su glamurosa figura.

 

Una brisa fría sacude la preciosas perla

con caricias

que como un volcán en erupción se derrite en su lava

descamuflando todas sus delicias.

Sonrojada gema

que se deja arrastrar por una corriente

de aire ardiente,

sin palabras baila a un intenso ritmo

que retumba un rebelde escalofrío.

 

Internada en la oscuridad lluviosa,

millones de rosas húmedas 

se siembran en un terreno demente.

Fuerte huracán se lleva por delante

la cubierta luz de la luna que dibuja

la incertidumbre danzante.

 

Las estrellas perciben su presencia,

su intensa inquietud,

su anhelo deslumbrante,

la necesidad acuciante que refleja espectralmente

en el agua

las travesuras de una ventisca salvaje y apasionante.

 

Encadenada al vacío de un espacio que le da

cuanto jamás pudiera necesitar,

siente el calor de los labios del viento

que la cohíbe en sus entrañas con suavidad.

 

Ahoga un grito, la calidez del aire se enfría.

Esto no es más que un truco de ilusionismo,

un disfraz que en el abismo al viento apega,

un hechizo que en la locura de un ensueño

con su magia enmudece a la luna llena,

un sueño en el que al despertar solo recuerdo

tus ojos verdes posados en los míos.