Armando Cano

TÙ, MI PAÌS

Qué suerte tan grande

he tenido  en la vida de encontrarte hoy mi niña.

 

Y saber que eres mía  como el aire, la montaña,

la hojarasca, las piedras, las gardenias, los cenzontles

y las enredaderas que se encuentran por todo México mi país.

 

Eres tan mía como los ríos y sus riveras,

como los pantanos de Centla o las selvas de Chiapas

con sus cascadas, sus montañas y sus peñas.

 

Pero en verdad me perteneces igual que las Iglesias de Puebla,

 como el viento de Pachuca o el atrio de Catedral en mi tierra.

 

Es mi suerte tan grande que en tí lo tengo todo.

Tengo conmigo las quietas aguas de Bacalar, los clavados en la Quebrada,

la Bahía de Acapulco, las riveras de Cancún,

y el embravecido mar de Guerrero Negro.

 

Las playas suaves de Isla mujeres,

y en tu dorada piel las arenas de Vallarta.

 

Tengo todo mi país en tí, en el aroma de tus hombros,

en tus ojos, tus lunares, en lo blondo de tu pelo.

 

En tus amaneceres tengo la quietud del firmamento

ese que se mira desde el lago de Chápala, en las afueras de Atlixco,  

o en la quietud de un convento.

 

Abrasarte tí es amar a mi país,

amarte igual es amar a mi pueblo.

 

El amor que llevo adentro, ese que siento por tí

solamente es comparable con lo que siento

cuando veo los grandes sembradíos de maíz, de hortalizas,

de flores que inundan de aromas mi olfato, mi alma y mi pensamiento.

 

Qué suerte tan grande he tenido de nacer aquí.

Y tenerte cerca para amarte como a cada una de las cosas que amo de mi tierra.

 

Te amo tanto, tanto, que si me dejaras de amar, me rechazaras un día

me sentiría un paria, un extranjero viviendo en mi propio país.

 

 

 

©Armando Cano.