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Muero



 

 

Muero cada día en el llanto de un niño, en el titilar de la promesa incumplida,

En la esperanza urdida y el desespero súbito, en el camino andado y la cólera vana

En el andar suave y la mentira vil, en el egoísmo y la vileza del espíritu

Despierto en la fina tez del roscio, en el llanto de un recién nacido

En la caricia inconclusa, en la compasión desmedida y el camino amplio

En la fortaleza del espíritu y la razón del ser omnipresente