José I. Cervantes

Fruto caído

En la guerra de nuestro amor con la despedida
olvida que soy hombre y más aún olvida que soy
carne y hueso, alma y vida. Invéntame como un fruto.

 

Hazme fruto caído de un árbol de naranjo.
Levántame del piso , una vez en tus manos
comienza el laborioso trabajo de quitarme la piel.

 

Despójame de toda la cáscara gruesa que me cubre,
hasta que veas solo el albedo; esa fina capa blanca.
Despacio y delicadamente quita esa sabana pura.

 

En esta guerra de la despedida con nuestro amor
quita gajo a gajo las partes de mi alma,
exprime todo el jugo que mi ser tenga.

 

Olvídate de que soy hombre y malluga mi corazón
como una hoja de papel hecha bola. 
Arrúgame, tírame y olvídame.

 

Atraviesa mi fe, quebranta mi esperanza, doblega mi ser  
que no soy hombre bajo esta guerra sin cuartel, 
soy fruto de naranjo sin cáscara y sin jugo.

 

En tiempos de guerra cualquier alimento es bueno
y más cuando apacigua la sed y el hambre
por eso en esta guerra nuestra

 

olvida que soy hombre, aprovecha que soy fruto 
y cómeme. Sobre el campo de batalla escupe las semillas
avienta la cáscara que después de eso

 

me convertiré en árbol con raíces firmes 
y follaje inmenso, seré insignia de paz y vida
y bajo mis ramas te daré sombra y esperanza.

 

Ya no habrá más guerra ni dolor, ya no habrá
olvido ni despedida  solo habrá un huerto de amor
donde florece un naranjo junto a una mujer.

 

José I. Cervantes