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Miranda Mori

Enfermar de pasión

La fiebre que te quema hasta los pensamientos,

escalofríos que te hacen temblar hasta la sombra,

espasmos que se agudizan con cada caricia,

convulsiones del alma cada vez que te besan.

 

Y luego cada síntoma más se intensifica 

cuando la mirada del otro enfrenta los ojos.

Parece que tu pulso se acelera furioso 

y que el aliento emigra hacia fuera de tu cuerpo.

 

El corazón ahora es una bomba de tiempo

que estalla con estrépito y nubes de humo.

No sientes hambre más que de caricias y besos

 pero  cuando te sacias te sientes más hambriento.

 

Tu memoria se aleja y solo deja un espacio 

para la mirada y la presencia de ese ser. 

Deliras, alucinas, pierdes todo el sentido.

Y, peor aún, no quieres volver a la conciencia.

 

Te sientes más vivo mientras estés intenso.

Sientes que morirás cuando tratan de curarte.

Ni la muerte ni el sueño podrán ponerle fin.

Ni la cordura puede ya volver a tu mente.

 

Ni siquiera la muerte puede ya superarla 

pues cada vez que mueres resucitas de golpe.

Las palabras salud y cordura ya no existen.

Solo besos, miradas es lo que pide el cuerpo.