Alexander Vortice

BELLÍSIMA DAMA

DE bellísimas damas te hablé

y ahora

ya no puedo –ni debo- hablarte de nada

que no sea fidelidad al impulso de crecimiento,

o del ademán que proviene del más allá, lejos,

tan lejos como una madre con hijos interfectos.

Mi colador de afecto cedió su registro a los hados.

En este momento ya no quedan regalos

de agraciadas damas, ahora tan sólo estoy

en ti, y tú sólo en mí, como dos pájaros

en medio de la borrasca de Perseo.

 

De bellísimas damas te hablé

y ahora

exclusivamente hablo de lo que no sé,

lo que no veo…, lo que siento.