Miguel Angel Ortigoza García

CUANDO FLORECEN LOS PEROS

Como era en un principio,

así será eternamente.

No habrá nada en este mundo,

que no tuviera su pero.

 

El amor que te profeso

con devoción religiosa

es real, profundo y bello,

pero tú ya no lo quieres.

 

La dulzura de tus besos

tiernamente apasionados,

es el néctar de mi vida,

pero tú me lo has quitado.

 

Ese aroma que tu pelo

exhalaba como incienso,

sigue el curso de los vientos

pero adonde, no lo sé.

 

Nuestra almohada bordada

con tu nombre y con el mío,

sigue acunando mis sueños

pero huérfana de ti.

 

Tus manos que me buscaban

en la sombra de la noche,

las siento como caricias

pero ausentes junto a mí.

 

Gorjeo de alondra en tu voz,

mis mañanas arrullaban

enmudeciendo mis penas,

pero hoy no la escuché.

 

Cuando andaba los caminos

de tu cuerpo pedigüeño

me extasiaba paso a paso

pero hoy ya no viajé.

 

Si cortáramos las ramas

de los peros de mi poema,

tú serías la de siempre

la que nunca se alejó.