Edward Di María

VIAJAMOS EN LA SUBLIMIDAD DE LA ENSOÑACIÓN CON SU LIRISMO

¿Crees mi bien, acaso que alguna vez
pueda yo dejar de amarte?, aunque me vaya,
jamás dejaré la adicción a tu naturaleza,
el mar de tus ojos es de cristal que mientras me refleje
en ellos podré matar al dragón de mi torpeza;
me sugieres: \"si algunos te preguntan por mí,
si algunos te dicen quién soy,
diles que soy tu amor, que estás en mí y yo en ti,
que estamos forjándonos de afecto
y que volamos en el jardín del ensueño
y que ahí nuestra ternura revuela
con las mariposas que a nuestro ímpetu besan\";
te confirmo, amor mío, eres solamente tú la persona
que dirige la sinfonía de mis interiores, oh ser de grandeza,
tan de alguien más y tan para mí, la persona con más libertad
y prohibición, que vive en mí...
que tomándonos de la mano ignotamente recorremos senderos,
jamás podría mentirte si lees mis pensamientos,
si vivo en los tuyos no puedes fingirme,
y esta irrealidad supera a la realidad misma,
porque abarcamos ya nuestra eternidad;
a pesar de mi defectos me aceptas una y otra vez,
a pesar de mi imperfección me amas constantemente,
que como yo, sólo puedo encumbrarte, mi amor, perpetuamente;
nos amamos, mi bien, por eso cantemos juntos
las expresiones que sublimemente de tu alma nacen:
\"dos trovadores somos\", me dices, dos que sueñan y aman, con descontrol en la dimensión del alma,
tal como uno que adora en su pena y escribe de sus pesares
cantamos en el delirio del amor que soñamos y sentimos,
somos cual ángeles que viajan
en la dimensión del ser en su intangibilidad y exquisitez...
viajamos en la sublimidad de la ensoñación con su lirismo.