A veces me siento
como un barco a la deriva.
Con un cargamento de ecos, de sinsentidos y que, poco a poco,
se va perdiendo entre una densa niebla.
\"¿Qué soy?\"
\"¿Por qué estoy aquí?\"
\"¿Para qué sigo?\"
Sé de dónde vine.
Mas, no se a dónde voy.
Sé que nací y sé que algún moriré, como lo harán todos.
Mas no entiendo o...
Más bien, aún me cuesta entender éste misterio.
Y pienso.
Y transcurre el tiempo.
Y suceden cosas.
Cosas que se despiertan y que, traspasan el escudo que algunos ponemos a los sentimientos.
Y sucede que, eso, me hace sentir intensamente vulnerable.
Y lo que duele, duele 100 veces.
Y la angustia y los sinsabores
se vuelven navajas en la garganta.
Y entonces, se rompen las represas en mis ojos sin que pueda hacer nada.
No hay palabras correctas.
Sólo oraciones del alma.
Espontáneas.
Porque a pesar de todo...
La fe me surge en medio de la tormenta y del vacío de navegar a la deriva con la mirada perdida
y los sentimientos ardiendo bajo el pecho.
Y sólo el ciel sabe cómo estoy escribiendo, lo que estoy escribiendo.
Y sólo Dios me responderá,
como otras veces lo ha hecho, con hechos.
Ojalá, ojalá que de algo malo, salga algo bueno y que si lo que resulta es algo que parece malo en el momento...
Al final, deje algo que sirva a quienes tenga que servir de algo.
Mientras, seguiré en silencio,
sentada en éste sofá mirando al techo,
aguardando, aguantando y confiando.
A veces sabiendo en qué. A veces sin saber.
Pero, siguiendo al fin.
Diana Janeth Reyes Diaz.
(Diana Reydz) 16/05/21
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